LoRa, ¿reaprender la radio o aprovechar las tecnologías más nuevas?

Empezar por el cuerpo de quien utilizaría una radio

Mi historia con las tecnologías consiste en aprender a usarlas bien. Aprovechar lo que ofrecen, sin entender -y sin preguntar- cómo es que pueden ofrecer esas -o quizás otras- funcionalidades. Estoy segura que esta historia está determinada por la educación femenina que recibí, y la socialización en una ciudad “del tercer mundo”, como en la que crecí durante la década de los noventa. Pero en mi historia con las tecnologías también he aprendido que, aunque mi experiencia personal responda a patrones de todo tipo, y esté determinada por las condiciones sociales de mi contexto, se trata de una experiencia única, y esa es por la que puedo hablar. Entonces prefiero no hacer generalizaciones.

Por suerte dentro de esa historia hay algunos momentos de ruptura en los que ha llegado la pregunta sobre cómo funcionan las tecnologías que utilizo, y cómo me afectan esas tecnologías. Porque, como también he aprendido, no se trata solo de internet o los aparatos que utilizo, sino de una relación estrecha entre mi cuerpo y su entorno, y de la interacción entre ambos, donde todo el tiempo se está moldeando un algo muy complejo entre lo que alguien más ha fabricado; la manera como eso está configurado; mi capacidad intelectual y motriz para utilizarlo; y el sentido que su uso tiene para el resto de mi vida, que es otro algo más complejo, sobre lo cual no vamos a hablar aquí.

Pero volviendo sobre los momentos de ruptura, creo que es ahí cuando más preguntas me han surgido y cuando más he podido aprender. Que se rompa la comunicación, por ejemplo, que falle internet ha sido una de esas rupturas. Porque, para mí, internet llegó desde muy pequeña como una forma de comunicación inmediata con personas de lejos. Al comienzo tomaba tiempo conectarse, era necesario desconectar el teléfono, entender que cada segundo de conexión era costosísimo, y una vez dentro, buscar en una red de personas desconocidas y aventurarse a empezar una conversación, y que a veces se perdiera la conexión y empezar de nuevo con el proceso. Luego desconectarse porque ya se había superado el tiempo permitido, y esperar con ansias a la siguiente oportunidad.

Casi treinta años después, y una serie de cambios -o como dicen, evolución y mejoras tecnológicas-, cuesta recordar que la comunicación a través de internet no siempre fue tan fácil ni tan rápida como sacar un celular, y en un chat o un feed, scrolear para actualizarse de lo que está pasando en las noticias y en las vidas de toda una red de contactos. Lo cierto es que internet todavía falla, y gracias a eso he podido conocer un poco de infraestructura, y todas las tecnologías que existen para hacer posible internet, y todas las tecnologías que han existido antes, y en paralelo con internet.

“Todas” es una palabra muy grande, y esas tecnologías son muchas. Aunque no entienda del todo cuáles son y cómo funcionan, hacer de internet “una más” de las opciones posibles me ha dado una sensación de tranquilidad, de confianza y de capacidad que difícilmente experimenté alguna vez navegando en línea.